Colectivo Carpe Diem
POESÍA ENTRE AMIGOS, AGITACIÓN Y POÉTICA, JAMS, PRESENTACIONES, DIVULGACIÓN´DE LOS COMPROMISOS POÉTICOS. Cada dos lunes 19, 30 hrs. en Flash Flash, c/ Lauria 24, Valencia. Mail: carpediempoetas@gmail.com
29/12/11
De lo bueno y de lo bello
Lo bello está,
susurrándote cerca,
mirándote desnudo
pescando flores en su blusa,
adivinando en la penumbra
lo mustio y lo tranquilo
de la espera.
Lo bueno está,
pariendo ilusiones,
destapando aromas,
desgarrando la piel
de lo inerte
que vuela hacia la luz
para bordar primaveras.
Lo bueno y lo bello,
lo bello y lo bueno,
están madurando
el momento exacto y puro,
jugando a escondidas
con la desesperanza
para encontrarte.
María Isabel Gárciga
Halcón andino
Tus alas y tus alcances, llegan con el Cóndor.
Traspasan montañas y otean valles.
Incrustan los ojos su marca
y horadan el territorio de mi piel.
¿Dónde me viste?
Si el yermo baldío es tu pasto
¿cómo nutrirte? ¿cómo ser el canto
de tu sombra majestuosa?
si mi tierra es áspera.
También tuve el mar bajo mis pies, y volé;
también, sobrevolé las nubes, y soñé;
También, también, también.
Pero fueron tus fuertes plumas y no el acero;
fue tu fortaleza, halcón andino,
la sangre y el destino. Fue, lo que fue; y es.
Tu espacio lo sentido.
Quiero seguir siendo tu tierra, tu aire
y la mirada de tu vuelo; quiero y quiero, tenerte
como te tengo. Volando para ser tu cielo.
Alberto Villén Pinilla
Ser ser ser sea solo sea
un aunque yunque labra
palabra queda apura
llaman las olas
es
un despe
dazarse
frente
a tus
ojos
de marea,
sol tenue,
a contraluz
tus labios
son quieren ser
latido aunque yunque
del capital
palabras sean solo sean
querer sean sabor
de tu nombre.
Pedro Verdejo
Poema I
Harta de estas sensación de sentimientos encontrados,
harta de estar arriba o abajo,
harta de que mi cabeza se llene de recuerdos
que no hacen otra cosa que desangrarme por dentro.
Poema II
Cada día que pasa eres más pequeño en mi mente,
pero más grande en mis sueños.
Sueño contigo cada noche, imaginando que nunca te has ido.
Pero despierto, vuelvo a mi realidad, a mi soledad.
Tal vez ese sea mi destino, no lo sé.
Pero tengo que ser fuerte y salir, yo puedo, yo podré.
Patricia Martí Peiró
JEFES a Vicent Camps, amic i poeta.
Todos son jefes
todos,
no hay ninguno
que diga que no es jefe,
la ansiedad por ser jefes,
los jefes andan maniatados por la calle,
ya no vale eso de los mandos intermedios
aquí sólo hay jefes
ni sherifs, ni encargados,
ni nada ni nadie que se le aproxime
únicamente vale ser el jefe,
Jefe de área,
Jefe de partida,
Jefe de almacén,
Jefe de la tribu,
Jefe del departamento de lencería,
¿Jefazo?
No,
¿Chupoptero?
No,
¿Dios?
No existe.
¿Trepa?
No,
Sólo jefes, jefes, jefes,
Jefe de cocina,
¿Jefecillo?
Jefe de control
Jefe de división
esos son los jefes máximos
los grandes jefes,
los grandes jefes de los jefes,
el de la división,
el de control,
el Jefe del mundo,
el Jefe supremo del planeta,
aquí todos son jefes,
ninguno que diga que no es jefe,
y mientras el poeta Lizano ve mamíferos
yo veo jefes,
y ninguno,
ninguno,
ni los propios mamíferos,
son los jefes
y menos aún
los dueños,
de sus propias vidas.
Javier Gm
EL PEQUEÑO MINHAJ
El pequeño Minjah ha nacido dos veces en apenas diez meses.
Llegó al campo de refugiados de Somalia con la cabeza deforme,
La boca desdentada, el llanto sordo y seco,
El horror en unos ojos desorbitados,
Sus pupilas gritan su eclipse,
En sus cuencas vacías se asoma uno al abismo del universo.
En sus costillas famélicas, agujeros negros, está descrita
La deshumanización, la bajeza moral de un mundo que agoniza.
Llegó en julio, con siete meses y apenas tres kilos.
El pequeño Minjah nos mira. El pequeño Minjah me espera.
He sacado la basura con la mitad de mi nevera.
He silbado en el camino vacío al contenedor.
Ya es Navidad en el Corte Inglés.
Lo peor es que no sentimos vergüenza.
Lo peor es que nos alegramos de que haya sobrevivido.
Hoy, superando una tuberculosis,
Con un poco de manteca de cacahuete y tres transfusiones de sangre
El pequeño Minjah ya tiene mofletes de nutriben y 5 kilos más.
Qué alivio para nuestras conciencias enfermas.
Hay esperanza en medio de la hambruna, vomitan los titulares.
Nos olvidaremos de los 168.000 pequeños Minjah,
Que nos miran sin mirada. Que no saldrán en el telediario.
Que no se salvarán.
Estamos gordos. Gordos y ciegos. Ahítos de crisis y solidaridad.
Haciendo malabares con las palabras sueños y esperanza.
Los trileros del G-20, los mercados y los libros de autoayuda
Nos tienen bien enseñados.
El pequeño Minjah nos debe la vida.
Somos los vencedores. Somos libres y esclavos de nuestra hipocresía.
Poesía, fe, Mercadona, destino, oraciones,
Desarrollo sostenible, salvemos el planeta, otro mundo es posible.
El pequeño Minjah es el apocalipsis de la historia.
Somos los garantes de la injusticia, porque nos han convencido
En la doctrina del “sálvese quien pueda”.
La propia noticia del pequeño Minjah es el argumento,
Caballo de Troya falsario, bálsamo de la trampa.
La verdadera hambruna no está en el cuerno de África.
La verdadera hambruna está en nuestras almas.
Malditas y cobardes.
Malditas y cobardes.
Jose Pascual Martínez
SEGUNDO POEMA
Te perseguí impregnada de tus sueños,
Empapada de tus emociones,
Dominada, esclavizada por tus deseos.
Vehemente me conducías hacia tu destino,
Y cuando me quise dar cuenta,
Caminaba con paso firme entre el lodo.
Tus mitos: mi doctrina.
Una libertad anhelada.
Vivir tu vida, desechar la mía.
El invierno impetuoso se apresura,
Tus aspiraciones se deslizan.
Como lo hacían tus labios en mi cintura
Y yo, calada hasta los huesos de tu hipocresía
Después de mas de treinta inviernos
tiritando por tu falta de calor...
Te concedo mi ultima taza
Y éste, mi último halo de voz,
Para que te arda en la garganta,
Como mis fervientes ganas de que comprendas
Que un anillo no es... ni un plumero... ni una bata.
Lidia Martínez
CINEMA PARADISO
La memoria no entiende de tiempos ni edades. Por eso mi primer recuerdo en el cine es la reconstrucción de un sueño. Y no he dejado de soñar. En cuclillas, con diez meses, mirando hacia arriba, a una pantalla infinita, vi mi primera película: “Jartum”. Mis padres se sentaban en la primera fila para que yo pudiera gatear sin molestar a los demás. Gateaba por la estepa rusa en la interminable “Doctor Zhivago”, babeaba con Julie Andrews y los niños del barón Von Trapp en el musical que me tarareaba mi madre a modo de nana: “Sonrisas y Lágrimas”. Aquella canción de las notas. Do re mi. Do es trato de varón, re selvático animal, mi denota posesión, fa es lejos en inglés. Aquella gigantesca sábana mágica iluminó mi niñez y nunca vi el proyector. Para mí, entre la oscuridad, la pantalla vomitaba fascinación y vida. Pero pronto, a los ocho años, me quedé huérfano de padre y de cine. Su legado aún lo recuerdo. Aquellos pepitos de tomate y atún que cenábamos los tres, en el bar del Montecarlo, con su barra curva de mármol y madera. Aquella pasión por enamorar a mi madre cada sábado por la noche imitando a Gary Cooper, a Cary Grant, a James Stewart, en esos besos prohibidos y anhelados, besos en blanco y negro, que nunca llegaron a la mejilla de mi madre por pudor y miedo a la maldita moral que los ataba.
El luto y la nostalgia cerraron aquel paraíso. Mi madre nunca más volvió a pisar un cine y me recordaba a menudo, entre lágrimas, cuando vi en su regazo sus películas favoritas, paradigmas de la alegría y la felicidad: “Qué bello es vivir” y “Siete novias para siete hermanos”.
Y de un fundido a negro, entré, en un plano secuencia: mi pubertad de crucifijos y represión. Los curas pensaron que para inducirnos a ir a misa los sábados por la tarde, el anzuelo del cine en el Hogar Antoniano del Colegio, sería infalible. Y lo fue. Cada misa interminable era preludio y ángel de la anunciación de una tarde para la eternidad. Tras el esperado “podéis ir en paz”, el crujido del suelo de madera, la estampida en la entrada para copar las primeras filas, el olor a pan y humanidad, el bramido ensordecedor de 300 niños eran el prólogo de las risas con Charlot, con Buster Keaton, Harold Lloyd y mis favoritos: El Gordo y el Flaco. ¡¡Laurel, Stanley!!. Y luego todos nos convertíamos en Tarzán. Ankawa, Chita, ankawa. Yo tarzán, tu Jane. Luchando contra los cocodrilos. Buscando el cementerio de los elefantes. La quintaesencia de la felicidad en estado natural: el grito de Tarzán al salir del cine. Descubrimos al General Custer y a Búfalo Bill, a Toro Sentado, a John Wayne y los Centauros del desierto, a Humprey Bogart río arriba en la Reina de África, y en busca de oro en el Tesoro de sierra madre. A Mary Poppins y a los Siete Magníficos. A los tres lanceros bengalíes.
Tener 14 años fue un hito. Podíamos entrar al Liceo sin nuestros padres. Ser amigo de los hijos del alcalde franquista me concedió un salvoconducto: teníamos fichas gratis de los coches de choque y entradas para el Liceo. Aquellos sábados iniciáticos me llevaron a la rebeldía frente al Nodo, a ser héroe en los Cañones de Navarone, a sentir los silbidos camino de la muerte en el Puente sobre el Rio Kwai. Descubrimos la gaseosa de fresa y los paquetes de rosquilletas por un duro. Y tuvimos las primeras poluciones nocturnas al acostarnos con la imagen de Raquel Welch en “Hace un millón de años”. Aquella vestal exuberante, aquel exiguo bikini de dos piezas de piel de mamut, nos abrió a la sexualidad entre dinosaurios que parecían iguanas a los que no prestamos la más mínima atención...
Pero aquellas tardes de promiscuas sesiones dobles tenían un precio. Como la muerte. En semana Santa nos obligaban a ir a los Santos oficios. Miércoles, Jueves, Viernes. Tres días de rezos y hermandades, con los cines cerrados y la televisión emitiendo música clásica. Pero el sábado volvíamos a ser nosotros mismos. Volvíamos al Liceo a subirnos en las cuádrigas de “Ben Hur”, a cruzar el “Rio Rojo” a caballo, a cabalgar al galope en “La Diligencia”, a defender a los colonos de mescaleros y apaches, convertidos en el infalible pistolero de “Raíces Profundas”, defensor de los débiles, Alan Ladd. “Shane, vuelve, no te vayas, mamá te quiere, papa te aprecia”.
Se fue mi padre y me dejó la pasión por el cine y por la vida. Así hice grabar en su tumba la frase de Pasolini: “No hay un principio, no hay un final, solo existe una infinita pasión por la vida”. En un doloroso travelling, murieron sucesivamente el Salón Parroquial, hoy en ruinas, el cine Avenida, hoy Consum, el Cine Montecarlo y el Cine Liceo, que se transmutó en Hacienda y justo ayer cual mariposa, metamorfoseó en una macro tienda de los chinos.
Yo me enamoré años después con Cinema Paradiso. Mi ex mujer nunca lo comprendió. Pero Alfredo, cabinista del Paraíso ya me lo dijo: “No vuelvas, no escribas, no llames, hazme caso, y hagas lo que hagas, ámalo, como amabas la cabina del cine Paradiso”.
Cada vez que veo a Totó, de mayor, en la escena final llorar con aquellos recortes censurados de todos los besos robados, me acuerdo de la risa floja de mi padre, en el Montecarlo, cuando creía que no lo veía, para susurrar un beso prohibido a mi madre. No por imaginario, menos real. Los besos que no se dan pero se sueñan, tienen los fotogramas de la verdad.
Ya lo dijo Alfredo. “Tarde o temprano llega un momento en el que hablar y estar callado es la misma cosa”. Pues eso, The End.
J.Pascual Martínez
POEMA DE L´ INICI
La lluna amb la seva plenitud
il.luminava la nit. La veu
relliscava suaument...
Unes mans endolcides
amb la sàvia humil i generosa,
es van enfonsar cap als arrels
acaronats del temps de la història.
I ...
el fruit anà creixent
i fent-se somriure i plor
-melodia desitjada
a la casa dels somnis-.
És la cridada d´un vell so
que navega els temps
i atorga el privilegi
de viure el millor instant,
l´instant del naixement
d´un nou horitzó.
Per a eixa vida que ha sorgit del desig d´estimar.
Per a les mans que s´ompliran amb la dolçor del fill.
Soledad Benages
LA HUMANA COMEDIA
Es de noche en el confín
de lo oscuro.
Cuando no suena el soplo
de ningún viento.
(Eolo silenciado)
Zumbido es más bien el del cerebro,
la memoria acumulada de los siglos.
Breve, breve es el instante,
ráfaga cegadora del cometa
que se lanza al horizonte.
Saeta del no sabemos adónde.
El rescoldo de la lumbre
en el rincón permanece,
cierre,
apenas suspiro de lo que fue
la llama.
Pronto acaba la luz
en el pozo negro de la noche
y cae el telón de la comedia
sin aplausos
y sin flores.
Soledad Benages
ALIENTO PROPIO
Una palabra
es hoja de otoño
una ventana
aire fresco
la tramontana
una mente cálida,
es tierra fértil,
tupida,
una palabra para ti
difumina las nubes,
grises, negras y blancas,
espesas, deshilachadas.
permanece tu canto
interno,
tu fuente,
anhela el cielo despejado
en tu cabeza,
la mente atenta a tu dicha,
sosiega el ritmo del corazón,
concédete aliento propio,
navega en tu estanque
y así
agarra la fuerza , el consuelo
para afrontar lo que viene
y otorgársela, generoso, a los demás.
Virginia Mataix
A las 18`35h llega el tren
Me arrebata
esa mirada
que busca,
oteando,
en la estación.
Disfruto
con esa mirada
que encuentra,
anhelante,
el beso.
Leonor Seguí
Veintiocho de octubre
Gotea la tarde
como bálsamo.
Suavemente
recorre mi espalda,
despacio,
despacito,…
con tibieza,
con placer.
Con la dignidad
del descanso
merecido.
Se suspenden
las ingrávidas horas
tres,
cinco,
seis…
La queda tarde
teje pausadamente
el silencio
con la húmeda “boira”.
Con el primigenio aroma
de la leña y el fuego.
Así, despacio,
despacito…
soy mi abrazo,
tu abrazo,
soy mi sueño.
Leonor Seguí
La espera frente al mar
La espuma de la mar que, cabalgando,
con suave timidez nos acaricia,
es ave precursora que propicia,
la estrofa que los dos vamos creando.
¿No ves que las sirenas van cantando?
¿No sientes de la brisa su delicia?
¿Descubres en Neptuno la malicia
de ver nuestras lágrimas derramando?
Sentados frente al mar, esperaremos
que llegue a nuestros pies algún mensaje
que traiga la esperanza de otra vida,
donde mujeres y hombres encontremos
la dicha de tener otro paraje,
de amor y de belleza sin medida.
Ximo González Sospedra
Vibraciones
Vibra el rayo luminoso
al cegar el ojo del huracán
y vibra el triángulo roto
al borde del precipicio.
Vibra el puente al infinito
y el fondo de la barranca.
Y vibra tu caliente pecho
en la boca de tu hija.
Y vibra el bronce;
y vibra el fusil;
y vibra la guadaña;
y vibra el suelo bajo mis pies
y bajo los tuyos
y bajo los pies de seis mil millones
de seres humanos.
Y vibran los montes;
y los océanos;
y la lengua de los mudos.
Y vibra el cementerio con sus tumbas;
y vibra la central nuclear
y la bomba atómica;
y el trasatlántico al hundirse inerme;
y vibran tus labios sin voz;
y vibra el diapasón sin sonido;
y la guitarra,
y la marimba,
y tu ojo ciego.
Vibra cada haz de luz cegadora,
cada palabra no emitida,
cada llanto sofocado,
cada lira, cada verso.
Y vibra la voz del poeta doliente;
vibra la estrofa perfecta;
vibra el verbo vivo;
vibra la nota muerta por el odio.
Y vibran los lingotes de oro,
los anillos, los relojes;
vibran las pestañas del avariento
ante el billete de quinientos.
Vibra el grito del pueblo;
vibra la cuerda vengadora;
vibra el filo en su caída;
vibra la carne separada;
vibra la sangre ya vertida.
Y vibra al fin el himno nuevo
sin dioses opresores
del pueblo siempre esclavo;
sin amos, sin patriotas,
sin patrias,
sin banderas,
sin guerras,
sin codicias.
Y vibran ya los trinos de alegres ruiseñores,
y vibra cada flor en todos los jardines;
y vibra el belfo suave del potro en la pradera;
y el ala que aletea,
el pez en el arroyo;
y el beso que nos damos
viendo salir al Sol.
Ximo González Sospedra
CATEDRALES
Las contienen piedras que no callan,
llenas de mutilados gritos, de silencios.
Solicitan a los animales que nos habitan
para que sedientos estos, queden prendidos.
Dentro en sus esófagos, a cada paso,
la maravilla anega lenta y precisa.
A lo alto, jaurías de cielos convexos,
jirones de pieles celestes estrelladas
que albergan signos por descubrir.
Reverberan silencios que tan sólo
aquietan sus pétreas costillas.
Con vidriosos ojos tornasolados
en un preciso y medido guiño,
nos otorgan el secretos guardados,
sus tesoros lumínicos. Su razón de ser.
En rincones no luminosos perduran
dolores. Alimañas que sólo nosotros
sustentamos para luego desatender.
Las mismas que llegado el día
nos exhortarán, para de una vez
residir eternamente en nosotros.
Reprochan las precisas gárgolas,
miradas y anhelos como retribución.
Exudan por nosotros lagrimas negras.
Unidos en inexplicable comunión
ellas ríen y nosotros juramos el regreso.
Pues la única certeza es, que nosotros,
como ellas, tenemos un mismo corazón.
Los extrajeron de la misma cantera.
ShiroDani
15/12/11
PLUS ULTRA
Es el Plus Ultra de no
lanzarme
Tan directo al mar.
El Plus Ultra de no
Respirar
a cada latido
Amándote.
El Plus Ultra de
Tapar
La exclamación
del delirio
del campo.
Es la Hoz del que está
Dispuesto
en la noche serena
a perpetuar
su arremolinado
Llanto.
No calléis.
El mundo necesita
Del habla,
De los valientes y osados
Dispuestos
a lanzarse directo
Al mar.
A pesar de los vientos.
Rosana Sena
13/12/11
niño-hambre
nana de las sombras
recogidas del llanto
en el dolor del niño-hambre
rozadura derramada
en las mejillas escasas
de la tristeza del niño-hambre
mancha de mirada grande
perdida en el vacío
que acompaña al niño-hambre
retórica de las aceras
donde se olvida
la soledad del niño-hambre
arquitectura del frío
con horizontes de hielo
en las noches del niño-hambre
vértigo rojo envejecido
en el barro del camino
con raíces-pies de niño-hambre
andén ausente de salidas
donde vacías esperan
las manos mundo del niño-hambre
espacios sin sueño
en las largas noches
de lágrimas-madre y niños-hambre
Antonio Martínez i Ferrer
Niño patera
Un grito de sal y viento
desgarra los horizontes
…..……..de la garganta.
En la estrecha patera
el cordón pulsa la vida
…..………entre las olas.
Niño de manos-mundo
niño acera de océanos
niño denuncia.
Niño de las distancias
niño para el recuerdo
niño quimera.
Las miradas del miedo
en los espacios del frío
……………..te acunan.
Un viento sin esquinas
recoge tu primer llanto
……………de olvidos
Niño esperanza.
Antonio Martínez i Ferrer
Lope,
y rimar lo irrimable,
en un verso
hacerte estremecer.
Contar las silabas,
ver las estrellas
y contarlas en tus ojos,
armonizar cada una
con la suavidad de tus labios,
con el roce de tu piel,
con la dulzura de tu ser.
Lope,
y rimar lo irrimable,
hacer de mi vida una metáfora
que gira y gira
en el péndulo que tu cabello
simula al caminar.
Contar las silabas,
que forman tu nombre
que forman el mío,
y formar un nuevo soneto
donde los endecasílabos
hablan de nosotros…
Lope,
y rimar lo imposible,
tu nombre
mi mañana.
Romero de Buñol
¿Quién apuñala al poeta?
¿Quién hunde su daga
envenenada de palabras
en su pecho atormentado?
¿Quién…?
¿Quién…?
Sangra versos
por esa herida infectada
de mentiras e injurias.
Sangra
y cada rima lo acerca más
al lecho húmedo de la tierra
donde pronto
su cuerpo yacerá inerte.
¿Quién es,
que noto su frío acero
entrando helado en mi pecho?
Romero de Buñol
11/12/11
AHORA
Ahora
Me han abierto
la jaula
y ya no puedo salir.
Soy la reja
de mi propia
prisión.
Una reiterada ausencia
de deseos
abrió mi puerta
hacia el abismo
de la nada.
Y una quietud pétrea
ha ido anquilosando
mi perpleja soledad.
Leonor Seguí
DUELE
¿Duele?
No, ya no duele.
Evidentemente
esta herida está curada
ya no sangra.
Pero cuando te acercas
a mí,
cuando noto
tu presencia,
el fantasma de la herida
proyecta su sombra
en mi dolor.
Leonor Seguí
Lenguajes
Puede que tuviera que afinar los sentidos
ante sus frases tan bien construidas.
Posiblemente mi silencio azuzó el lenguaje
de sus textos gramaticalmente impecables:
los sustantivos,
tan bien ilustrados,
las oraciones,
subordinadas con sus verbos
en la adecuada persona
puliendo los detalles
de este ingenuo desamor.
Sus tesis impolutas
ante mi incapaz
huida hacia ningún
lugar finalmente aceptable.
El arrojo en la intemperie,
un instante de lujuria
infantil en el sollozo
fatalmente entendido.
Los lugares comunes
que no quieren serlo.
Tal vez el temor
de ser el primero
en fundirse
como pan en el abrazo
que dejó un tiempo dudoso
y una única verdad,
la suya,
la mía.
Los textos interpretables
desde los lazos fungibles
con que nos han codiciado.
Puede que las horas se alíen
con mi temporal deshielo
y ardan constelaciones
que remuevan
los bordes de la sombra.
Llevarán un delirio las noches
adosado a mi segura compraventa.
Y en su armario, fielmente adaptado
a la múltiple función del desaliño,
habrá un lugar para mis ropas,
eso lo sé, lo llevo en los asientos
del circo que recorre las ciudades
que dibuja con líneas en el atlas
enciclopédico de mi coraza palpable.
Me desvisto del lenguaje superfluo.
Me desnudo ante su verbo,
esencial sintagma que me vive.
ante sus frases tan bien construidas.
Posiblemente mi silencio azuzó el lenguaje
de sus textos gramaticalmente impecables:
los sustantivos,
tan bien ilustrados,
las oraciones,
subordinadas con sus verbos
en la adecuada persona
puliendo los detalles
de este ingenuo desamor.
Sus tesis impolutas
ante mi incapaz
huida hacia ningún
lugar finalmente aceptable.
El arrojo en la intemperie,
un instante de lujuria
infantil en el sollozo
fatalmente entendido.
Los lugares comunes
que no quieren serlo.
Tal vez el temor
de ser el primero
en fundirse
como pan en el abrazo
que dejó un tiempo dudoso
y una única verdad,
la suya,
la mía.
Los textos interpretables
desde los lazos fungibles
con que nos han codiciado.
Puede que las horas se alíen
con mi temporal deshielo
y ardan constelaciones
que remuevan
los bordes de la sombra.
Llevarán un delirio las noches
adosado a mi segura compraventa.
Y en su armario, fielmente adaptado
a la múltiple función del desaliño,
habrá un lugar para mis ropas,
eso lo sé, lo llevo en los asientos
del circo que recorre las ciudades
que dibuja con líneas en el atlas
enciclopédico de mi coraza palpable.
Me desvisto del lenguaje superfluo.
Me desnudo ante su verbo,
esencial sintagma que me vive.
Eloy Sánchez Guallart
Sobre aceras y gestos
Los centauros recorren la metrópoli.
Llevan en su grupa un destilado de años
bárbaros en su ocaso. Hay escorpiones
rebuscando en las colas simétricas
del contenedor de papel.
Alguien ha escrito en una esquina que el futuro
es un asesinato.
¿Por qué el cristal se rompe para siempre?
El plasma exhibe su duro músculo
sobre las babas del vértigo caracol.
Cuando el sol no es más que un protocolo astronómico
los profetas se embuten en trajes Armani
y trepan a la quebrada línea del mercado
Llevan en su grupa un destilado de años
bárbaros en su ocaso. Hay escorpiones
rebuscando en las colas simétricas
del contenedor de papel.
Alguien ha escrito en una esquina que el futuro
es un asesinato.
¿Por qué el cristal se rompe para siempre?
El plasma exhibe su duro músculo
sobre las babas del vértigo caracol.
Cuando el sol no es más que un protocolo astronómico
los profetas se embuten en trajes Armani
y trepan a la quebrada línea del mercado
¿Por qué el invierno retoma aquel cuento
-mentira disecada en la sonrisa de un niño-
y trastea fuentes de luz más allá de la córnea?
En la sala de espejos hay una bala
rasgando sinónimos en la palabra cultura.
Toda Historia es ficción.
Los vencidos planean su venganza.
Pero el amor es el único
manual de supervivencia.
-mentira disecada en la sonrisa de un niño-
y trastea fuentes de luz más allá de la córnea?
En la sala de espejos hay una bala
rasgando sinónimos en la palabra cultura.
Toda Historia es ficción.
Los vencidos planean su venganza.
Pero el amor es el único
manual de supervivencia.
Eloy Sánchez Guallart
DECIRTE
¿Crisis?
No sabría que decirte..
NO sabría qué
No sabría
NO
Guerra de opiniones,
masas embravecidas,
no sabría qué decirte
no sabría qué
revueltas en la calle,
levantando barricadas,
no sabría
NO
todo por una causa justa,
No sabría qué decirte
Políticos desesperados, países en alerta
el gran mal acecha... no, NO,
no sabría qué decirte
no sabría qué
la crisis, no sabría qué decirte
monstruo de nuestros tiempos
bestia hambrienta, bestia furtiva
ladrona de ilusiones, no sabría qué decirte,
ladrona de esperanzas, no, no, NO
NO SABRÍA QUÉ DECIRTE
Alimaña maldita que con tus garras nos envuelves
no sabría qué, qué, qué, qué decirte, qué decirte
como el caer de la noche
que envuelve con su oscuro manto hasta...
no sabría qué decirte,
el más brillante de los astros,
no sabría, no sabría, no, NO.
NO existe la crisis.
Es la verdad o no sabría qué decirte
una máscara de los gobiernos, SI sabría qué decirte,
vivimos una gran mentira, SI sabría qué decirte
Una gran verdad: No sabría qué decir
qué, con, dónde decirte, decirte con la evidencia
y las diferencias SI sabría qué decirte, si sabría qué,
sabría qué, si, si, si sabría
que los ricos son más ricos
y los pobres que no pueden con su alma
son más pobres SI sabría qué decirte:
que no podemos defendernos, que hay poesía
SÍ SABRÍA QUÉ DECIRTE.
¿Existe la crisis? NO sabría que decirte
QUÉ
DECIRTE
Si su origen es real o es una verdad oculta, si, si sabría qué decirte
Elecciones anticipadas, parlamentos reunidos
Buscando soluciones inútiles como animales embravecidos
al verse rodeados, sin encontrar el camino
sin encontrar, sin encontrar No sabría qué decirte
¿Crisis? SÍ sabría contestarte,
sí sabría qué
sí sabría
sí
SÍ
Una cosa perdura: las huellas presentes
marcas visibles dejando estelas de desesperación
el dolor y la pérdida completa de toda,
toda TODA TODA TODA ilusión
SÍ SABRÍA QUÉ DECIRTE
¿Es real? ¿Es posible?
No, no, NO, NO
PERO SÍ
sabría qué decirte
SABRÍA QUÉ DECIRTE.
Emma Bartha & Javier Gm
NO CAMBIARÁN
¿Por qué se torna la falta en orgullo?
Revolotean insectos entorno a la oscuridad
incluso existiendo luz, cegados por nada.
Se corroen en sus mismos ácidos, obtenidos
entre vómitos, ignorancia, flagelaciones.
Es la oscuridad la que les obliga a mentir,
a decir que ven colores desde sus vacías
órbitas oculares, absorbidas por bestias
que ellos procrean y dibujan con sangre
en la espalda de quienes se acercan.
Viven por morir viviendo en la muerte.
Alguien les regala unos ojos reveladores,
los signos no escritos para salir de la
oscuridad cegadora en que residen. Pero,
tras aceptarlos, los ofrecen sin mirar a
quienes mandan en ellos, a sus patrones.
Porque no son de propiedad propia, son
sirvientes de alguna alimaña que aparentando
ser insecto, les absorbe el cerebro que no tienen.
Son ningunos. Simples almas a la búsqueda
de días crepusculares y grises, ya al alba.
ShiroDani
Te espero destrozando los jarrones
y buscando un espacio para las flores
desahuciadas.
Ven pronto,
se me enfría el café y un poco
la esperanza.
Así que ven,
sólo contigo y sin maletas
que hagan más lenta tu andadura.
Ven,
no me quieras para siempre
buscadora de campos
para flores refugiadas.
Cristina Carrasco García.
MIRO
Vigilo los tramos
que me separan
de mí.
De ti.
De los demás.
Los mido.
Detecto su sigilo
a cada palmo.
En cada cima
y hendidura.
Me acerco.
Te acaricio.
Te miro fijo.
Ya no somos acero.
Los otros me da igual.
Que miren.
Yo miro.
Rosana Sena
HECHICERA
La llamaron alguna vez... hechicera
anhelaban que ella apareciera...
Encandilaba con su clara mirada
y con su dulce voz acaramelada,
siendo... por los hombres deseada
aún más por las mujeres envidiada.
Su mezcla de ternura y de atracción
despertaba deseos negros de pasión.
No la hicieron arder en la hoguera
pero de brujería fue acusada,
ardiendo las llamas dentro del corazón.
Aunque sonreía...moría de dolor,
vagaba entre las sombras por un amor.
La magia en contra de ella se volvió,
el cálido roce de una piel sintió...
un susurro embaucador la envolvió
y ya el fuego en sus entrañas prendió.
Por que la hechicera... fué hechizada,
por un amor mortal... quedó cautivada.
Al aquelarre acudía con horror
ni invocando al diablo consiguió
romper el conjuro que la atrapaba.
Seguirá cautivando con sus encantos
sin que nadie sepa nada de sus llantos.
Su sonrisa iluminará el querer
de otros seres que conquistará...
sufriendo por no poder conseguir romper
el conjuro que por siempre perdurará.
En la más oscura noche atrapada,
ya que la hechicera...fue hechizada.
Ampa Fuentes
ACARICIA LA ROSA
Acerca tus dedos para acariciar la rosa
complacerá tu tacto la suavidad rojiza:
advierte cómo se tensa indomable tu gozo.
Utiliza los labios para lograr que mane
la fuente que lubrica sus delicados pétalos,
juega a entrar en su corola de cálida seda
y roza con la lengua su deleitoso núcleo.
No dejes hojas pares al arbitrio del viento,
precisan de tu empeño para mostrarse tersas.
Bordea el delicioso contorno que te sabe
como dulce merengue con guinda en la cumbre.
Cubierta de rocío perlado y transparente
tendrás como regalo la perfumada rosa,
no temas removerla para aspirar su aroma:
huélela mientras muestras lo mucho que te place,
y ella,
rendida ante tu gozo,
se abrirá esplendorosa.
Laura Monroig Salom
Así me hallo
Ya no sé si quiero o no morir de una patada,
o de unos puñetazos en mi estómago,
o que me estampe el cenicero en mi espalda
y extermine de una puta vez este tiempo tan aciago
que a su capricho me ha impuesto como la más infame cruzada.
Ilusiones rotas, y el mapa de mi piel, amoratado;
y hasta se dibuja en él los mapas sufridos
como huella tatuada de su puño alzado
mientras tiñe en rojo su sonrisa de mal nacido
al airear sus manos por celos infundados.
Y así me hallo…
El alcohol corre por sus venas
enloqueciendo unos lóbulos en precario;
la cocaína destruye unas pituitarias
que de necrosis está llena,
y como el más enfermizo psicótico,
me sumerge en este calvario
para tranquilizar sus penas.
¡Qué más da una paliza de más!
Si mañana cambiará,
y aunque sé que ese mañana
se distancia en el tiempo,
acato el paso del calendario
porque no quiero figurar
en la primera línea del obituario.
Y así me hallo…
Y así pasa el tiempo…
entre palizas y vejaciones,
entre amarguras y tormentos,
sin que recuerde que hubo un tiempo no lejano
en el que fui su más preciado tesoro;
un tesoro ahora cuyos miedos
enaltecen mi respiración
y se rinden en el techo que nos cobija
a la embestida sin previo aviso
de este hijo de puta
que regala insultos sin que nadie se lo pida.
La bofetada es fiel compañera de mis días,
y de mis noches,
y aunque mil mariposas de afiladas alas revolotean
en mi estómago,
¿cómo puedo,
si su razón le acompaña de la mano,
hacerle algún reproche?
Y así me hallo…
Me da miedo que despierte su demonio,
me da miedo que advierta mis fallos,
me da miedo que su ira se alce jubilosa
y se pongan en alerta las venas de su cuello.
Y hasta me da miedo su lado positivo
cuando implorando con ojos de borrego degollado
aflora su ternura y pide perdón;
o cuando enfría el caldo de cultivo
que alimenta sus manos con enfado.
Espero un cambio que se hace eterno,
un cambio que alumbre mi destino,
unos labios que decidan por mí,
el apoyo de una mano amiga
que me saque de este infierno,
sonreír de nuevo,
vivir,
respirar,
dar amparo a mis hijos,
la llave de mis ataduras,
plantar cara a mi cobardía
y romper la risa loca
de este cabrón que me tiene presa…
Y así me hallo…
Esperando, tal vez,
un nicho en lo alto de la fila
o que mis cenizas,
cabriolando con el viento,
acompañen a las golondrinas.
Y así me hallo…
Juan M. Marza
Una vida cualquiera
La vida me dio alas desde muy joven.
Lidié en plazas de primera
y cientos de cornadas se clavaron en mi pecho.
Buitres a la espera de carne fresca
merodeaban mi aura,
jurando esperanzas
con la mentira tatuada en la frente.
Los paraísos prometidos
fueron lóbregas mazmorras,
habitadas por ratas de mefítico aliento;
fueron caramelos de envoltorio enlutado
con sabor a desgracia.
La ausencia de quien he querido
ha sido sombra que ha precedido a mi muerte;
Dudas y más dudas en sus lenguas
pero nadie se ha dormido con la sonrisa en la cara
soñando con el juramento,
olvidado en el cielo de la garganta.
Cada minuto está marcado en mi cara.
Llevo años llorando, sin abrazar un sueño,
como los vales de racionamiento
que se perdían en la miseria.
¡Malditos amores de ida y vuelta!,
de lengua farsante
y corazones a lomos de la cobardía.
Han sido demonios con labios de cianuro,
de hábil elocuencia y frases oscuras
que han sabido inyectar una pena
que me consumía por dentro,
como el sello amargo de una derrota impiadosa.
He cruzado montes y océanos,
he vivido en mansiones
y hasta casi debajo de los puentes;
he rozado el cielo con mis manos,
y del cenagal, varias veces he besado el fondo.
He tenido amores de novelas principescas
que no figuran en los libros:
amores que ya no tienen historia,
tiranos, crueles, inhumanos,
dinamiteros de voluntades…
¡Amores, por suerte, ya enterrados…!
Mi vida ha sido tan cíclica
como el caballito inmutable del tiovivo.
Ahora mi alivio es burlar a la muerte,
y conocer, por la cordura del tropiezo,
los amores esquivos que inyectan sufrimiento;
y aquellos otros
que merecen el jugo de mis labios
en medio de esta encarnizada lucha
que mantienen… ¡el pez y el anzuelo!
Juan M. Marza
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